

El proyecto parte de una vivienda pequeña y compartimentada, con estancias oscuras y una distribución que no aprovechaba su potencial. La intervención busca transformar el espacio desde dentro, generando una sensación de amplitud y fluidez sin alterar la estructura original.

El primer gesto fue abrir la cocina al salón, creando un espacio continuo, luminoso y funcional que se convierte en el corazón de la vivienda. Esta conexión redefine la manera de habitar: cocinar, conversar y compartir en un mismo entorno.
Se renueva toda la carpintería, mejorando el aislamiento y aportando una estética coherente y cálida, donde la luz natural puede recorrer cada estancia sin obstáculos.


Se diseña una lavandería a medida, integrada discretamente en la vivienda y pensada hasta el último detalle para optimizar el uso diario.
El baño, originalmente muy reducido, se reconfigura por completo para ganar amplitud y confort, utilizando materiales claros y soluciones precisas de distribución. Esta transformación exigió una intervención técnica importante: la reparación y adecuación de la bajante mediante trabajos en altura, resuelta con rigor y coordinación entre oficios.
El resultado es una vivienda renovada que respira claridad, funcionalidad y equilibrio. Una reforma que demuestra cómo, con una mirada arquitectónica, incluso los espacios más limitados pueden convertirse en lugares llenos de vida, luz y coherencia.
